Nací en Santiago de Chile, en una tierra donde el ruido de la ciudad se mezclaba con los ecos de guitarras y voces que buscaban hacerse escuchar. Desde joven entendí que mi camino no iba a ser uno común: la música me llamaba con fuerza, y yo respondí formando mi primera gran aventura, la banda de rock Promosabi. Allí descubrí el poder de la música, de los escenarios encendidos y de las canciones que podían alzar la voz de toda una generación.
En 2016, una nueva etapa me abrió sus puertas. Dejé atrás la fuerza de la banda para sumergirme en un viaje más íntimo: el de la guitarra acústica y la música en solitario. En cada acorde encontraba no solo una melodía, sino también la calidez de la madera, que me llevaba de regreso al sur de mi país, a sus paisajes infinitos y a la cercanía de su gente. Esa conexión me enseñó que la música también puede ser refugio, memoria y hogar.
Pero la verdadera odisea comenzó en 2019, cuando crucé el océano y llegué a Barcelona. Una ciudad que no solo me recibió, sino que encendió en mí un fuego renovado. Aquí publiqué en 2022 mi primer EP, “Gracia”, una obra que fue más que un disco: fue el manifiesto de un músico extranjero que encontró en nuevas calles la inspiración para seguir creando.
Desde entonces he creado mi refugio sónico, un espacio donde la música respira y se multiplica. Allí produzco mis canciones y también las de otros artistas, compartiendo el viaje, alimentando nuevas voces, sembrando sonidos que no dejan de crecer.
Y como en todo relato épico, los ciclos vuelven a cerrarse para abrir otros nuevos: la guitarra eléctrica ha regresado a mi vida, no como un recuerdo del pasado, sino como un arma poderosa para el futuro. Hoy mi música camina entre lo acústico y lo eléctrico, entre la intimidad y la explosión, siempre en movimiento, siempre en búsqueda.
Este no es el final del relato. Es apenas un capítulo más. La historia sigue, y cada canción que nace es una nueva página escrita en tiempo real.
